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Las mujeres de Pedro de Valdivia: La esposa, doña Marina Ortiz de Gaete

Quienes piensen que en este pedazo perdido de tierra, en los confines del planeta, la gente se aburría porque estabamos dejados de la mano de Dios y la Corona, están un poco equivocados. O tal vez por eso es que de puro aburrimiento, se fueron tejiendo historias dignas de teleserie. Hay bastante paño que cortar y comenzaremos con nuestro ilustre conquistador don Pedro de Valdivia, pero más que él mismo, las mujeres que lo acompañaron en su vida. En primer lugar, quien ostenta el título y la honra de su nombre, su esposa ante Dios y los hombres, doña Marina Ortiz de Gaete.


Era doña Marina hija del hidalgo Francisco Ortiz y de doña Leonor Gutiérrez Gaete, una adolescente criada como una dama, que iba a misa con su esclava y se enamoró de este soldado alto, que le gustaba vestir de buenas galas, orgulloso de sus marcas de guerra y servicio al Rey. Aunque el hombre no tenía dinero, los padres de Marina no tuvieron inconveniente en el matrimonio y concedieron a su hija una dote de tres mil pesos en oro. El guerrero, aportaba el trabajo de sus brazos en la parcela de su familia y la pensión de soldado del Rey. Si bien la dote estaba por debajo de los deseos de Valdivia, ni una familia ni otra estuvo en desacuerdo. Valdivia quedó encantado con asentarse al lado de aquel ángel candoroso de 13 años y ella admiraba su estatura y pecho fuerte ganado en batalla, noble estampa, nariz prominente con intensos ojos azules. Ya por esos años, usaba el pelo recogido atrás y su característico bigote delgado con barba puntiaguda. Se casaron apenas ella comenzó a sangrar pero no en los 10 años de convivencia, no tuvieron hijos.

Evidentemente virgen a la hora de casarse, su inocencia fue una complicación para un hombre de casi 30 años. Viviendo en la casa de sus suegros, sin nadie a quien preguntarle y asustada por ese hombre de manos grandes en quien se convirtió su marido, se sentía muy sola. La ignorancia y el pudor cristiano, por su lado y la impaciencia e ignorancia de parte de Valdivia, amén de los años de diferencia, distanciaron la relación entre ambos.

Un buen día, mientras Valdivia volvía de sus labores agrícolas, apareció por su puerta un camarada de las guerras italianas, el capitán Jerónimo de Alderete, que andaba reclutando hombres para una nueva expedición de conquista, esta vez, Venezuela. Entusiasmado Valdivia por su antiguo amigo y por la fama y fortuna que se contaban acerca de Cortés y Pizarro, no lo dudó y tomando la dote de su mujer para costear el viaje, simplemente para dejar memoria y fama de mi, ganándolas por la guerra, como un soldado.

A Marina le tocó escuchar las mismas promesas que hacían todos quienes partían a la aventura. Que apenas llegase a puerto y se afianzara una posición, la mandaría llamar. Le dió un casto beso de despidida y cerró la puerta. No se volvieron a ver.

Durante los 17 años siguientes, Valdivia envió cartas contándole las distintas situaciones vividas y algo de dinero, que ella guardaba y se consolaba en la oración. No mencionaba que hacía vida maridable con la apasionada Inés Suárez, sino que daba excusas y renovaba su promesa de mandarla llamar apenas tuviera todo listo, pero no fue hasta la resolución del juicio en su contra que, en sentencia del 19 de Noviembre de 1548 se le obliga a mandar traer a su esposa de España y abandonar a su amante al punto que no converse deshonestamente con ella, ni viva en una casa, ni entre ni esté con ella en lugar sospechoso, de forma que cese toda sospecha de que entre carnal participación. Valdivia decidió casarla con uno de sus mejores hombres, pero, mientras esperaba a su esposa, se abrigó en los brazos de dos mujeres más, María de Encío y su sirvienta Juana Jiménez.


La solicitud de viaje para doña Marina y el dinero para los costes fueron enviados por Valdivia a través del hermano de esta, don Diego Nieto de Gaete y de Jerónimo de Alderete, pero demoraron tres años en conseguir la autorización del rey para que ella cruzace el océano, porque junto con llevarla, tenían el encargo de ir a la corte a pedir al Rey el título de márquez o conde, la cruz de la Orden de Santiago y la ampliación de su gobernación hasta el Estrecho de Magallanes.

Con el dinero enviado ella compró un sillón de plata, una cama de terciopelo de damasco azul y la madera dorada, seis sillas turcas de terciopelo azul y negro, plata labrada y una alfombra grande turquesca, además de tres mil pesos en joyas de oro, ya que venía a ocupar su sitio como la primera del reino.

Parte feliz y nerviosa al reencuentro después de 20 años de ausencia y adulterio, cargada de joyas y muebles y con toda la parentela que quiso acompañarla, en el año 1554. Una vez a este lado del Atlántico, en Panamá, recibe la noticia de la muerte de Valdivia quien muere en manos de los mapuche. Se lo comieron vivo, a bocados, durante tres días hasta que expiró. Gaspar de Orense, el portador de las novedades, cargaba también con la solicitud de nombramiento de Francisco de Villagra como Gobernador de Chile y la notificación de que Pedro de Valdivia dejaba grandes deudas.

Cuando llegó a la Ciudad de los Reyes (Lima), el Virrey Hurtado de Mendoza, intenta por todos los medios que no llegue a Chile y le ofrece compensaciones par que se quede allí, pero ella continúa su viaje. En 1555 arribó a puerto chileno, oficiales chilenos embargaron todos los bienes traídos por ella, incluidas las joyas, para pagar las obligaciones de su marido y se entera que todo lo que poseía Valdivia, estaba ahora en manos del nuevo gobernador García Hurtado de Mendoza hijo del Virrey. Comenzó los trámites de restitución de bienes directamente al Rey pero no consiguió respuesta hasta 1589, con fallo a su favor, pero la apelación quedó en la Real Audiencia de Lima.


La única propiedad y encomienda de indios que se le permitió mantener para su sustento, quedaba en Tucapel, lugar al sur de Chile, en medio de la Guerra de Arauco, por lo que no tenía acceso a ella y sus indios estaban en rebelión, por lo que escribe al Rey para conseguir una pensión vitalicia con la que mantenerse, a diez años de haber llegado.

El Gobernador mi señor conquistó este reino de Chile y pobló siete ciudades a su costa, y después de haberle sustentado quince años le mataron los indios; y por cédula y mandato de Su Majestad sucedí yo en sus rapartimientos. Pero fue Nuestro Señor servido por nuestros pecados, y la provincia de Tucapel se reveló y alteró, en la conquista de la cual perdí cinco sobrinos que tenía por hijos. Y visto lo mucho que esta tierra me cuesta, y yo ser mujer y no tener sucesor, querría V.M. reciba cuatro o cinco mil indios los mejores de esta tierra V.M. los tome en su cabeza y a cambio haga merced de darme de vuestra hacienda real una congrua sustentación en España, provincia del Pirú o ésta, conforme a la calidad de mi persona, casa y la encomienda que dejo, para que yo me sustente en estos pocos días que me quedan, pues que tan caro me han costado, y mis años ser de cincuenta y cinco arriba, los quisiera acabar con menos zozobra y cuidado que sustentando indios.

Casi diez años después, en 1578, recibe la respuesta indicando que en España no hay disposición para darle la recompensa que pide, y que se le dé cédula para que el gobernador de Chile otorgue a doña Marina Ortiz de Gaete competente recompensa a contento de ella, en lo más pacífico de aquella tierra vaco o que vacare. Y dada, reparta los indios de Arauco y los demás que tiene doña Marina que fueren de su marido entre las personas que más hubieren servido para que los tengan y mantengan, conforme a las ordenanzas.

Instalada en su casa en la cañada de San Francisco, entre las calles San Antonio y la de las Claras (hoy Mac Iver); en ella recibe ocasionalmente visitas, entre las cuales, la misma Inés Suárez, amante de su marido. Vive encerrada y en soledad, consolada como siempre en su oraciones y cosiendo casullas sacerdotales, como devota mujer que es. Constantemente se le ve rezar frente a la imagen de la Virgen del Socorro que está en templo de los franciscanos. La misma imagen traída por Valdivia y que seguramente sacó de la casa de ambos en Extremadura.



Murió en Santiago, en 1592 a la edad de 83 años. Dona los terrenos a los mismos franciscanos y donde levantan el Convento de San Francisco y la Capilla de la Soledad. Son ellos quienes custodian sus restos al interior de la iglesia.


Fuentes:
- La mujer en el Reyno de Chile. Sor Imelda Cano Roldán
- Mujeres de Chile. Carlos Valenzuela Solis de Ovado
- Inés del alma mía. Isabel Allende
- historiadechilenos.blogspot.cl 

El día que Lord Byron estuvo en Chile (Parte III Final)

Ya estamos en Valparaíso, donde, como comentaba en la entrada anterior, nada más desembarcar, fueron rodeados por soldados chilenos bayoneta en mano por tratarse de prisioneros ingleses.

Fueron conducidos al gobernador de Valparaíso, que en esa época era apenas una caleta con un mercado y algunas casas en sus cerros. Era este un hombre egoísta, orgulloso, incapaz de tener en consideración siquiera la alimentación de sus prisioneros. Los envió a los calabozos con una ración de pan duro y agua durante todo el tiempo que estuvieron ahí.

Encarcelados en Valparaíso en pésimas condiciones

Unos días después, el capitán Cheap y su oficial Hamilton, consiguieron, al mostrar sus credenciales de oficiales, que se les trasladara a Santiago, pero Byron y Campbell continuarion en Valparaíso.  

En un país tan alejado del mundo, cualquier situación distinta es una novedad, por lo que ellos se transformaron en la noticia de ese momento. Las familias hacían fila para verlos de cerca, aunque estuvieran llenos de piojos, pulgas y desnutridos. Los soldados, por otro lado, aprovecharon esta situación como una oportunidad de mejorar sus ingresos y recibían los "aportes voluntarios" de los curiosos.  Al poco tiempo quedó de manifiesto el estado de alimentación deplorable que se les daba y, cuando el gobernador se negó a mejorarla, esos mismos curiosos, les regalaban comida y dinero a los prisioneros.

Pasadas las semanas, ellos también fueron enviados a Santiago, por lo que viajaron 5 días con un arriero que los dejó en las puertas del palacio del Gobernador, Capitán General y Presidente de la Real Audiencia, don José Antonio Manso de Velasco y Sánchez de Samaniego. Fue este unos de los grandes gobernadores de Chile. Se dedicó a fundar ciudades en el territorio, además de mejorar las condiciones urbanísticas de Santiago.  Fue tan bueno su trabajo, que luego de estar en Chile, fue enviado a Perú como Virrey. En este cargo estaba cuando ocurrió el Terremoto de Lima en 1746. Un fuerte movimiento, que mató a más de 5.000 personas y dejó solo 25 casas de Lima en pie. Pero Manso de Velasco se arremangó la chaqueta y puso manos a la obra. Su trabajo de reconstrucción fue reconocido incluso por el Rey otorgándole el título de Conde Superunda (sobre las olas). Este personaje muere en España, acusado de traición, luego de ser enviado como prisionero a Cádiz.  Por cosas del destino, cuando se le había autorizado el regreso a España, cuando la isla fue sitiada por los ingleses. Al ser el militar de más alto rango (con 74 años) toma el mando de la defensa pero, al no tener los medios para concretarla, tuvo que rendirse.

José Antonio Manso de Velasco Gobernador de Chile




El encuentro con nuestro protagonista fue antes de que sucedieran todas estas cosas, ya que fue justo el año anterior a su nombramiento como Virrey.

Decía que los había recibido en el palacio, José Manso de Velasco y fueron entregados al doctor Patrick Gedd, médico escocés que llavaba varios años en el país y que era muy apreciado por su condición de médico y además, se había casado con una chilena de gran fortuna.

Comenta Byron la belleza de Santiago, describiendo su clima y sus casas.  Le llama la atención que las edificaciones sean de un piso, pero entiende que no puede ser de otra forma considerando que somos un país sísmico y ya antes habian ocurrido eventos donde habían muerto muchas personas.

Según indica, es costumbre andar a caballo, ya que "tiene que ser un indio mui pobre el que no posea sus cuatro o cinco caballos, i no hai en el mundo mejores jinetes que los chilenos, lo que no es de extrañar porque jamás se resuelven a andar de a pié más de unas cien yardas. Estos hombres son tan diestros que recojen del suelo un guante o un pañuelo, yendo a todo el galope del caballo, ilos he visto montarse a la grupa de toros salvajes sinq ue todos los esfuerzos de la bestia los hayan podido voltear."

Respecto de las mujeres, si decía que en el sur eran bellas, acá señala que son "notablemente hermosas i mui extravagante para vestirse. Llevan sumamente largo el cabello, que es de lo más abundoso que se puede concebir, sin ponerse en la cabeza otros adornos que unas cuantas flores; se lo peinan atrás en cuatro trenzas que enroscan en una horquilla, la cual luce en cada estremidad una rosa de diamantes.  Su camisas están llenas de encajes, i sobre ellas se ponen un pequeño corpiño mui ajustado. Las basquiñas(1) son abiertas adelante i dobladas las faldas para atrás, i van adornadas comunmente con tres hileras de riquísimos galones de oro o plata. En el invierno se ponen una chaqueta de paño recamado de oro o plata, que en el verano es del lienzo más fino, cubierto de los más preciosos encajes de Flandes.  Las mangas de estas chaquetas son inmensamente anchas. Cuando el aire está mui frío, se echan encima una capa, que es solo de bayeta(2) de los más lindos colores, i toda rodeada de galones. Cuando salen de casa, se onen un velo arreglado de tal modo que se les ve un ojo. Tienen el pié mui chico, y se precian de esto tanto como los chinos.  Se calzan zapatos calados i recortados; las medias de seda, con adornos de oro i plata; i les gusta mucho dejar ver colgándole debajo de la basquiña el estremo de una liga bordada.  Andan con el pecho i los hombres mui escotados, i a decir verdad no cuesta mucho adivinarles las formas por su manera de vestir. Tienen lindos ojos chispeantes, un injenio mui listo, una gran fondo de bondad y una decidida disposición a la galantería."

Modo de usar el tapado muy popular en Chile pero más famoso en el Perú
En capital, es tratado como una visita ilustre más que como prisionero.  Si bien siguen siendo ingleses, quedan a cargo del médico escocés y con libertad de acción.  Durante dos años viven en Santiago, tiempo suficiente para aprender idioma y costumbres. Se les asigna, además, una asignación para sus gastos. Gracias a ese dinero, puede vivir los dos años que siguientes y antes de partir de vuelta a Londres, le hace un regalo al guardia de la cárcel de Valparaíso, en retribución por la amabilidad y preocupación que mostró con ellos durante el tiempo de su encarcelamiento.

Le llama mucho la atención las corridas de toros, aunque no son las primeras que ha visto, ya que ha visitado antes Lisboa. Pero, según dice, acá no se les pone nada a los cuernos de los toros para evitar que hagan algún daño, lo que convierte el espectáculo en un show de alto riesgo. 

Corridas de Toro, en Chile, se hacían en la Plaza de Armas


Comenta además que las mujeres, como salen poco de casa, aprovechan cualquier ocasión pública para hacer alarde de sus joyas y atavíos. Van a las corridas de toros a exhibirse, mismo caso que las procesiones de los santos que son muchas en nuestro país. Las muestras de devoción con dolor físico era común en esos días. "He visto a cincuenta i sesenta penitentes seguir estas procesiones; llevan unas largas vestiduras blancas, con gran cola, i altos bonetes(3) echados hacia adelante, que les tapan por completo la cara i que solo tienen dos agujeros para que puedan mirar por ellos; así es que nunca se les  puede reconocer. Van con las espaldas desnudas i se azotan con unas disciplinas(4) hasta que la sangre les corre por la larga cola."

Penitentes en de procesiones

Disciplina

Como es un extranjero, no se ve ajeno a las intrigas matrimoniales en un mercado exigente para las mujeres, ya que, producto de las guerras y condiciones laborales, la competencia es muy dura para conseguir marido. Pero logró salir soltero del país.

La comida le gusta mucho aunque asegura que debió acostumbrarse a lo condimentado de ella, porque "todo lo condimentan tan fuertemente con ají, que los que no están acostumbrados a él, sienten desde el primer bocado como un fuego que les queda abrasando el pecho más de una hora."

En diciembre de 1744 se embarcaron el Valparaíso en la fragata Lys, con rumbo a Europa. La travesía fue larga, ya que debieron viajar a Concepción a buscar provisiones, pero a los pocos días del zarpe, como iba la nave muy cargada, tuvieron que alejarse del convoy y devolverse a Valparaíso a arreglar el desperfecto.  Esto fue una suerte porque el resto de la caravana, fue atacada por piratas.

Para marzo de 1745 estuvo lista la fragata y ahora sí partieron sin problemas hacia Cabo de Hornos. En Julio de ese año se detienen en el Cabo Frances (República Dominicana) donde se unen a otra caravana y así poder navegar seguros de no ser atacados por piratas.

Llegados a Francia en calidad de prisioneros, tuvieron que esperar unas semanas, para que la Corte de España les diera la libertad.  Ya con los documentos listos, embarcaron en lo primero que encontraron que fue un buque holandés. Este capitán los engañó y partió sin avisarles destino, pero, en ese momento, aparece un navío inglés al que fueron transferidos.

Desembarcan en Dover, con nada de dinero y agotados por todo lo que les había sucedido, intentan llegar cada uno como puede a Londres.  Nuestro joven protagonista, agota un caballo de posta que no devolvió cuando correspondía para llegar a la casa desde donde había salido. Lamentablemente se encuentra con que su familia ya no vive ahi.  Sin un peso en el bolsillo, ni para pagarle al cochero que lo llevó a su casa, por un momento desespera. Pero no en vano pasó por tantas peripecias. Recuerda a un tendero que conocía de niño quien, al reconocerlo, no dudó en ayudarlo. Pagado el cochero y le informaron sobre su hermana que se había casado con un Lord. No fue reconocido por el mayordomo, pero a su insistencia, pudo ver a su hermana y al fin, estuvo de vuelta. Habían pasado cerca de 5 años.  


(1) Falda larga usada para salir de casa, confeccionada con muchos pliegues en la cintura para darle mucho ruedo en la parte de abajo, normalmente era negra, pero se usaba también en colores.
(2) Pieza de tejido de lana, tosca un poco afelpada en uno de sus lados.
(3) Sombrero en punta.
(4) Látigo de cuerdas entretejidas usadas por la Iglesia como martirio para el perdón de los pecados 

Fuentes: Relato del Honorable Lord Byron. Traducción José Valenzuela, 1901. 

El día que Lord Byron estuvo en Chile (Parte II)

En la entrada anterior, dejamos a nuestro protagonista, con 17 años, víctima de un naufragio en las costas de los Mares del Sur, cerca del Golfo de Penas.

Lugar donde encalló el Wager, en el Mar Austral de Chile

De una tripulación de 180 hombres, habrían de llegar solo 4 a la capital del Reino de Chile, en una travesía que demoró más de 10 meses solo hasta Chiloé, luego de eso, debieron viajar hasta Valparaíso y luego a Santiago. Revisemos.
  
El día 14 de Mayo de 1741, encallaron en la costa de alguna isla del Archipiélago de Guayaneco, con mar embravecido constantemente producto de las numeros tormentas que lo asolan todo el año. 

Restos del naufragio

Levantando precarios refugios con los restos de la nave que pudieron rescatar, los 180 hombres se prepararon como pudieron, no esperaban rescate de ninguna parte, así que el objetivo era salir de ahí.

Entre los cadavéres que flotaban en el agua, congelado y sin mayores esperanzas de encontrar comida, nuestro protagonista es comandado por el capitán para rebuscar en los restos del naufragio, lo que se pudiera rescatar de las provisiones o artículos que sirvieran para la expedición. El capitán Cheap quería llegar hasta Valdivia o Chiloé.

Vista actual de la Isla Byron


Es en este tiempo cuando tiene contacto por primera vez con algunos indígenas originarios de estas latitudes. Los chonos. Eran estos un pueblo nómade de las costas del sur de Chile.  Se supone que llegaron a este país alrededor de 5.000 A.C.. En estricto rigor, eran tribus que viajaban en grupos en los distintos archipiélagos del sur y al conjunto, se le dio el nombre genérico de Chonos. Cada grupo iba comandado por un cacique, que era el jefe de familia. Las mujeres estaban en una categoría inferior, dedicandose a la crianza de los hijos, mariscar y labores domésticas. El mayor adelanto tecnológico de los Chonos, eran sus canoas de madera de alerce, que les permitía una navegación rápida por los distintos lugares de las islas, además de transportarlas desarmadas cuando debían hacer el trayecto por tierra. En su calidad de nómades, también viajaban con sus casas a cuestas, que no eran más que estructuras de madera, que levantaban cuando la necesitaban y cubrían con pieles de lobos marinos, ramas de árboles y algas.

Viviendas de los chonos, quienes ayudaron a los ingleses a llegar a Chiloé

Lord Byron los describe de la siguiente forma eran de baja estatura, mui morenos i llevaban largos cabellos negros mui tiesos, que les colgaban a lo largo de la cara... Su vestido consistía únicamente en un pedazo de piel de algún animal, que les cubría la cintura i en una especie de tejido de plumas echado sobre los hombres..

Estos indígenes, peses a los problemas idiomáticos, auxiliarion con provisiones a los marinos y con buena intensión, tratar de ayudarlos. Pero algunos marinos, ebrios y hambrientos, atacaron a algunas mujeres y los indios se fueron.  Ya para entonces, había disminuidos a 100 hombres el contigente del naufragio. Algunos murieron de hambre, otros en peleas internas, otro muerto por el capitán para evitar un motín y un grupo decidió marcharse en canoa.

Cazadores nómades, vivían de la pesca y caza marina
Los ingleses comían lo que encontraban. Con el mar embravecido, no había muchos peces, así es que intentaban proveerse de mariscos y aves de mar, aunque siempre era insuficiente. Cazaban canquen, quentru y petirrojos cuando los pillaban.  Ocasionalmente, algunos indios chonos pasaban a dejarles perros y mariscos para su sustento.

Ya para Diciembre, eran apenas 20 hombres, considerando algunas muertes y un gran motin que dividió el grupo en dos. En Octubre, alrededor de 80 personas, partieron en embarcaciones que se habían hecho con los restos de la nave mayor, viajando en dirección sur hacia el Cabo de Hornos, y de esta forma, ocho meses después salvaron la vida llegando a Brasil. En cambio, los que se quedaron, se prepararon para viajar al norte. Lamentablemente, luego de varios meses y penurias sufridas, se devolvieron a su punto de partida, resignados a morir ahí. En el camino, perdieron una de las dos precarias embarcaciones que pudieron arreglar e incluso, debieron dejar algunos hombres en islas cercanas, ya que no podían viajar todos en el bote. Los dejaron sin comida ni expectativas de sobrevivencia. Hubo otros que murieron de hambre y cansancio. Era tal el nivel de hambre que pasaban, que en un momento se comieron los zapatos que llevaban puestos hechos con piel de foca y en otro, sufrieron una intoxicación por comer el hígado de unas focas que habían cazado.

Vista actual de la Isla Wager
Para contextualizar, debemos señalar que el lugar donde encallaron es bastante inhóspito. El archipiélago está ubicado en el mar austral de Chile, fuertes vientos soplan constantemente con una temperatura media de 9°C. Lluvioso casi todo el año  incluso en Febrero y Marzo que son sus mejores épocas. Fuertes marejadas y nevazones en un largo invierno. Los días despejados, se consideran un accidetente climático en este lugar. Líquenes y musgo crecen en las rocas desnudas. Los árboles presentan una formación boscosa tupida que los marineros no se atrevieron a explorar. Animales, casi no hay, salvo zorros y roedores pero en lo profundo de los bosques. En cuanto a las aves, se encuentran en la costa y es de donde más obtenían alimentos los ingleses, además de focas y nutrias cuando podían estar en el mar.


Finalmente, luego de varios intentos fallidos, contactan con una tribu de indígenas que tenía por jefe a un indio cristianizado que podía hablar algo de español. El ciirujano del barco, aunque muy enfermo y debilitado por el hambre, también entendía algo del idioma y logran un acuerdo para obtener ayuda.

Nuevamente se desgrana el grupo y hubo algunos que, aprovechandose de un indígena, lo secuestran y se marchan con la embarcación dejando apenas a 5 hombres, entre ellos, Byron.

En marzo de 1742, parten rumbo a Chiloé, sin provisiones, enfermos, desnutridos y llenos de piojos, solo con la poca ayuda que le daban los chonos que los llevaban. Según detalla Byron, estos no eran muy amables entre sí, menos aún con ellos, de hecho bastante violentos. Solo tenían en estima al capitán por ser él quien debía entregarle la recompensa al final del viaje, esto era, todos los restos que pudieran tener de artículos de hierro, muy valorado por ellos.

A punto de morir en varias ocasiones de hambre, atacado por los propios indios, de frío o simplemente, resignado a su suerte, todo cambia una vez llegan a destino. Llegan a Chiloé en Junio de 1742 y son entregados a una reserva india donde los alimentan y acogen muy bien. Pasan unas semanas con ellos mientras se envía el mensaje a los españoles que viven en Castro. Eran apenas tres. El cirujano no sobrevive a la enfermedad y el hambre y el teniente Hamilton prefirio quedarse solo en una isla a tener que compartir la canoa con el capitan Cheap. No volvieron a verlo hasta meses después.

Un piquete de soldados viajan a buscarlos para ser trasladados a la colonia. A raíz de la guerra entre Inglaterra y España, son tratados como prisioneros y encarcelados, aunque para ellos no es problema mientras tengan comida en abundancia y ropa de abrigo. De hecho, les regalan una camisa a cada uno, con lo que se consideran más dichosos que en mucho tiempo.

En suelo español la suerte les cambia. Se recuperan físicamente de todos sus males y son tratados, al principio con curiosidad, pero después fueron integrados a la comunidad, en espera del barco que los llevará a Valparaíso.

Nos presenta descripciones del pueblo natural de Chile donde se pueden apreciar la mezcla de costumbres: "Aquí se habla mucho la lengua india, aun entre los mismos españoles; dicen que la encuentran más bonita que su propio idioma. Las mujeres tienen la tez fina y muchas de son mui hermosas, tienen buenas voces i pueden puntear un poco en la guitarra; pero tienen la fea costumbre de fumar tabaco... no usan chimenea, sino que encienden fuego en medio de las piezas; en cada esquina hai agujeritos para dar salida al humo. Solo las personas acomodadas comen pan de trigo, grano que se produce poco y no hay molinos; hai gran abundancia de las patatas más hermosas del mundo; después de asadas en un rescoldo, las pelan y las sirven en las comidas en lugar de pan... En la isla no hai moneda corriente. Si una persona necesita unas cuantas yardas de lienzo, un poco de azúcar o tabaco o cualquiera de las cosas que vienen del Perú, da a cambio tantas tablas de cedro, tantos jamones o tantos ponchos"

Grabado de habitantes de Chile en 1786

Durante su estadía, fueron recibidos por el gobernador y lo acompañaron en su gira anual de las islas, en la que se informa del estado de las cosas bajo su autoridad.  En este tiempo le sucedieron varias cosas, entre ellas, el intento de un sacerdote de casarlo con su sobrina tentandolo con la dote que este rechazó, uno de los indios que los habían recibido primero en las islas iba a ser ajusticiado por el gobernador pero los ingleses pidieron por su vida y le fue perdonada, una mujer mayor que quería que se quedara a vivir con él porque lo quería como un hijo e incluso fue mirado con sospecha de hacer enojar a los santos, cuando no quiso besar unas estampas y justo se puso a temblar.  Para unas gentes supersticiosas, ignorantes y subordinadas a la religión, no había otra explicación más que la herejía para este tipo de eventos. Todo esto, con apenas 18 años.

Respecto de las mujeres, este observador extranjero nos cuenta que "rara vez acostumbran las damas de la primera sociedad ponerse medias i zapatos para andar por casa; de ordinario, las guardan para ponérselas en ocasiones particulares. Con frecuencia las he visto llegar a la iglesia, que está frente a la casa del gobernador, a pierna pelada, andando por el barro i por el agua; ponerse sus medias i zapatos a la puerta de la iglesia i quitárselos de nuevo al salir.  Aunque por lo jeneral son hermosas i tienes bonito cutis, muchas se pintan de una manera tan ridícula, que es imposible dejar de reírse en su misma cara cuando uno las mira."

En Diciembre llega el barco de Lima y en Enero parten rumbo a Valparaíso nuevamente con marejadas y clima complicado. Cinco días después, divisan la costa pero el mar no los deja ingresar al puerto. El buque era comandado por un español que, a voz de los ingleses, no sabía la menor cosa de asuntos del mar, pero el piloto, el contramaestre y su guardián, eran marinos franceses avezados. El resto de la tripulación, eran indios o negros esclavos que no dejaban subir a los palos para no ocasionar pérdidas de dinero a sus propietarios.

Vistas de Valparaíso. Rugendas. 1834

Uno de los pasajeros era el jefe de los jesuitas que, cuando supo que el mal viento no los dejaba terminar bien el viaje, "fue a su camarote a sacar la imájen de no sé qué santo, i pidió que la colgaran de las jarcias de mesana; una vez hecho esto, púsose a amenzarla con que iba a tirarla al agua si luego no teníamos buen viento".  El viento cesó y a la mañana siguiente anclaron en Valparaíso.

Vistas de Valparaíso. Rugendas 1834
 
Una vez pisaron tierra, fueron rodeados por soldados españoles y llevados a prisión en el puerto.  
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