El extraño caso de la Virgen Voladora

La Estampa Volada

En Santiago de la Nueva Extremadura, las tardes de Octubre eran de primavera y lo sigue siendo hasta hoy. Es decir, mayormente soleadas pero con abundante viento. De hecho, es la estación en que los cielos se llenan de volantines porque las corrientes aéreas fluyen más intensas que en verano.

Pero el día 13 de Octubre de 1786, según testigos presenciales, no hubo viento. Y en la Plaza Mayor (la misma que al inicio de la vida republicana pasó a llamarse Plaza de Armas) en las graderías de la Catedral que ya había comenzado su reconstrucción por parte de Joaquín Toesca, frente al portal  de Sierra Bella que albergaba a las tiendas de comerciantes y el rincón de las ojotas, el señor Fermín Fabres vendía estampas de distintos santos, entre ellas, una de la Virgen.

Otro señor pasó por ahí y quiso comprar la imagen, pero, al momento de pasar de una mano a otra, la Virgen decidió volar por los aires. Suspendida en el cielo, la gente comenzó a reunirse para ver el milagro. Algunos se golpeaban el pecho, otros rezaban con un fervor solo conocido en los años coloniales y los más escépticos, dijeron que era una tromba de viento que mantenía a la imagen en suspensión, pero debieron callarse por respeto el fervor popular.


El Vendedor de Estampas, dibujo de Rugendas 1830

De pronto, la estampa (o la Virgen) decidió irse de la Plaza y comenzó su vuelo hacia el norte, pasó por el puente de Cal y Canto llegando al barrio de La Chimba. Allí se posó en un durazno, en el mismo sitio donde una abnegada, pobre pero buena madre, enseñaba catequismo a sus hijos.

Don José Pérez García, testigo vivencial de los hechos, lo narra de la siguiente forma:

El 13 de Octubre de 1786, a las once i media de la mañana, sin que corriese ningún viento, un suceso digno de admiración lleno de jente la plaza de la ciudad de Santiago. Estaba en ella un mercachifle vendiendo una estampa de tres cuartas de largo i dos de ancho, en la cual, entre otras imajenes que contenía, llamaba la atención la de la Snatísima Virjen María. Sin saberse cómo se le soltó de las manos y se suspendió en el aire, i, aunque a poca altura, no pideron los concurrentes echarle mano ni bajarla aunque le tiraban los ponchos. con mucha calma llegó al medio de la plaza, un poco elevada sobre una alta pila de tierra que allí había (los escombros de la casa de cabildo entonces en construcción), a la que subieron muchos creyendo alcanzarla allí. La estampa, ya de un lado, ya de otro, burlaba la dilijencia. Después de mucho rato, se subió algún tanto más, de manera que los espectadores perdieron esperanza de alcanzarla. Al fin, se fue sbiendo perpendicularmente, i se situó fija i a tanta altura, que solo se distinguia como un pajarillo con las alas abiertas, atenuándose la vista por mirarla. La ví permanecer así por más de un cuarto dem hora, al cabo del cual fue inclinando su dirección al norte. Las numerosas personas que estaban atentas al espectáculo,se movían hácia el rumbo que parecía llevar la estampa. Al cabo descendió con regular velocidad i curso vertical a tomar lugar en la cañadilla de la Chimba, en un sitio que se demarcó con una cruz, a distancia de doce cuadras de la plaza.

La imagen cayó en un árbol de la chacra de don Manuel Joaquín Valdivieso y, tal como lo señala don José Pérez García, el sitio se marcó con una cruz y se transformó en lugar de procesión. El obispo Alday, ya anciano, declaró que concedería cuarenta días de indulgencias a todos aquellos que fueran a rezarle a la imagen. Es decir, cuarenta días de perdón "temporal" por faltas cometidas, dependiendo del pecado, claro está.

La arrendataria del terreno hizo poner un palo al lado del durazno y un cartel que contaba la historia de la estampa para que estuviera visible a todo público. 

La gente enloqueció con el "milagro". Concurrían en masa a rezarle al palo y al durazno, le dajaban velas encendidas por las noches, intentaron llevárselo así que hubo de poner vigilancia al sector. Con tantas ramitas y hojas que le sacaron al pobre árbol (para hacer injertos, pociones, unguentos o simplemente para terminar con maleficios, mal de ojos y enfermedades varias) que quedó a mal traer.

Los frutos del árbol pasaron a llamarse "duraznos de la estampa" y solo comían de ellos los canónigos importantes como los priores de monasterios y conventos, y, aún así, nada más que en ocasiones especiales. Incluso hubo tráfico de duraznos y falsificaciones ya que la gente estaba empeñada a pagar lo que fuera con tal de comer los sagrados frutos.

Hasta el mismo Secretario de Gobierno, don Judas Tadeo Reyes declaró que era "prodijio sobrenatural". Con el tiempo, se erigió una iglesia en ese lugar y que, hasta el día de hoy, se llama Iglesia de la Estampa Volada. Pero la edificación de la iglesia tiene también su historia.

Recordemos que la imagen llegó hasta La Chimba en la primavera de 1786. Durante todo ese tiempo fue un lugar de procesión y encuentro de los fieles.

Puente de Cal y Canto, lugar por donde pasó la Estampa Volada

Años después, en noviembre de 1798, el ilustrísimo señor don Francisco de Borra José Marán, obispo de la Concepción de Chile, salió de la ciudad de Concepción a hacer una visita episcopal a Valdivia junto a una gran comitiva compuesta por frailes, clérigos, arrieros, un par de dragones de la frontera para custodiarlo y el cacique amigo Francisco Huentelemu. No olvidemos que para ir de Concepción a Valdivia se debía pasar la frontera de Chile y transitar por terreno mapuche.

Llevaban mercadería, ganado y dinero para comerciar en la fortaleza. En un descanso del camino, cuando ya se encontraban en medio de terreno indígena, fueron atacados por más de mil indios que habían sido avisados por Huentelemu de la travesía. Los indios se entretuvieron en el saqueo y pelea y en medio de la trifulca, el obispo logró escabullirse junto con otro sacerdote y partió hasta Tirúa, al sur de la provincia de Concepción. Desde allí intentaron seguir hasta Valdivia, pero fueron avisados desde La Imperial que los mapuches estaban alzadoso y tenían cercados todos los caminos.

Con muy mal ojo, se internaron en un bosque y quedaron rodeados de enemigos. Varios días pasaron y llegaron tribus de indios llamados "abajinos" que eran los que vivían más a la costa y con quienes tenían mejores relaciones, incluso alianzas con los españoles y chilenos. Los mapuches que estaban alzados eran los "llanistas" que vivían hacia el interior de la región.

Pues con la llegada de los abajinos la situación mejoró pero solo un poco. Los llanistas se negaron a entregar, más bien, dejar de sitiar en el bosque, a los sobrevivientes así que los abajinos idearon un plan para lograr rescatar al obispo y su séquito.

En el antiguo Butalmapu (territorio indígena sin administración española-chilena) se jugaban partidos de chueca entre tribus vecinas y rivales. La chueca o palin es el juego ancestral de los mapuche y tenía una importancia vital en el ámbito social, como preámbulo a consejos políticos, como instrucción para los más jóvenes y preparación para los guerreros. Generalmente iba precedido de rituales y cantos, pero en este caso, se usó como herramienta para dirimir el futuro de los sobrevivientes de la comitiva española.

Una partida de chueca puede durar varios días porque el equipo gana cuando es capaz de marcar cuatro puntos seguidos. Es un deporte de contacto, en los que ambos equipos se deben enfrentar posición por posición y debido a las múltiples lesiones, ya fueran por el deporte mismo o las peleas a causa de las apuestas a orilla de cancha, había sido prohibido en territorio chileno, pese a que se siguió jugando de manera clandestina en la capital del reino. Pero para el caso de Marán, estaban en medio del territorio no español y eran sus reglas, así que sacó su rosario y se puso a rezar para que los abajinos ganaran el juego.

Juego de la chueca o palin, forma en la que decidió la vida del Obispo Marán

Los llanistas ganaron la primera partida, pero los abajinos ganaron la segunda y el desempate con lo que Marán y lo que quedaba de su comitiva, pudieron volver a Concepción en diciembre de ese mismo año.

El obispo había solicitado la protección de la Virgen del Carmen para salvar su vida y pagó. En 1803, donó a la Catedral de Santiago la suma de ocho mil pesos (una pequeña fortuna) para que se dijera anualmente un novenario a la Virgen. 

En sus tiempos de Obispo de Santiago, conoció la historia de la Estampa Volada y las procesiones diarias de que era objeto. Visitó el lugar y viendo que estaba al otro lado del río, en las afueras de la ciudad, decidió erigir un templo para la Virgen del Carmen, de la cual era devoto y se sentía en deuda.

Se estima que la construcción del templo comenzó en 1805 siendo Juan José de Goicolea, el famoso discípulo de Toesca, el encargado de las obras. Para 1808 fue consagrada la Iglesia de la Estampa Voladora de la Virgen del Carmen, pese a que en la estampa famosa, se veía la imagen de varios santos y entre ellos, una de la virgen.

El templo guarda una relación directa con el pueblo de Chile, tanto por su origen, como por su presencia en el proceso independentista. En su torre se encuentra la campana que fue tañada anunciando la llegada del Ejército Libertador al momento de ingresar las tropas por el camino del Inca (hoy Independencia) luego del triunfo en la Batalla de Chacabuco, llenando de alegría a la ciudad en momentos que los patriotas se encontraban en vilo esperando noticias.

Inscripción que se encuentra dentro de la Iglesia recordando su origen

La iglesia y su devoción han sido resistentes al tiempo y sus vicisitudes. Apenas unos años después de terminada (1814), en el año 1822 ocurrió un gran terremoto en Chile y la templo sufrió tan grandes daños, que se tuvo que reconstruir completa. La venerada estampa también se perdió en el suceso. Y no ha sido la única vez que la tierra se ha sacudido con fuerza suficiente para derrumbar sus cimientos, pero la iglesia vuelve a levantarse.

Además, para quienes piensan que el vandalismo contra la institucionalidad de la iglesia es algo propio de nuestro tiempo, no es así, ya que en dos ocasiones la iglesia ha sufrido el ataque de quienes no están de acuerdo con los preceptos eclesiásticos.

El 29 de Junio de 1888 la imagen de la Virgen fue robada y lanzada a una acequia que corría por la cañadilla. Pero la corriente no se la llevó y la imagen fue recuperada.

El 8 de septiembre de 1913, un paquete de dinamita explotó en el nicho que guarda la imagen, pero todo el contorno fue destruido, menos la Virgen. Algunos dirán milagro nuevamente, otros dirán error humano, el hecho concreto es que hasta hoy se sigue venerando la imagen el templo famoso por su origen y que radica en la devoción de un pueblo.


Imagen actual de la Iglesia de la Estampa Volada del Carmen




Fuentes:
- Historia General de Chile, Diego Barros Arana
- Historia de Chile, José Pérez García
- Historia Crítica y Social de Santiago, Benjamín Vicuña Mackenna
- http://chile-iglesias-catolicas.blogspot.com

El Conde de Aranda y el futuro de la América Española


Firma del Tratado de Paris 1783. Inglaterra se negó a posar para el cuadro

En Mayo de 1783 se publicaba en Santiago, capital del Reino de Chile, un bando con la noticia de que tres meses antes, se había celebrado en París los acuerdos preliminares de paz con Inglaterra. En consecuencia, el rey mandaba que cesara todo acto de hostilidad por tierra y por mar entre sus vasallos y los de Gran Bretaña, pero recomendaba no descuidar las medidas de precaución para atender la defensa del reino si fuera necesario.

Recordemos que España, a raíz de los Pactos de familia que mantenía con Francia, había apoyado el esfuerzo de los revolucionarios americanos con el fin de conseguir la devolución de los territorios perdidos en guerras anteriores frente a Inglaterra y Portugal, y es en circunstancias del truinfo americano, que logra recuperar Menorca y ambas Floridas, las costas de Nicaragua, Honduras y Campeche. 

A raíz de esto, el Conde de Floridablanca señalaría que "desde dos siglos atrás, la España no celebrado un tratado tan ventajoso", pese a que su mayor anhelo había sido recuperar Gilbraltar, punto en que los ingleses se mostraron inflexibles.

Con una absoluta falta de visión, Francia y España, que eran la cuna de los reinos absolutistas,  habían metido mano (enviando armas, dinero y hombres) en un problema interno de Inglaterra y sus colonias y que, a la postre, les estallaría en la cara convertidas en la Revolución Francesa y las independencias de la América Española.

Última hoja del Tratado


Ya en 1778 un ensayo publicado en Londres con motivo de la alianza entre Francia y las colonias inglesas de América profetizaban, dirigiéndose  a Luis XVI:

"Monarca imprudente, armáis vuestros ejércitos para sostener la independencia de la América i las máximas de su congreso. Existe una potencia que hoi se levanta sobre esas leyes: es la de los razonadores ambiciosos: ella conduce a una revolución en América; i quizá prepara otra en Francia. Los lejisladores de América se anuncian como los discípulos de los filósofos franceses: ellos ejecutan lo que ellos han soñado ¿Los filósofos franceses no aspiran también a ser lejisladores en su propio país? ¿Cuánto peligro no hai en poner la flor de vuestros oficiales en comunicación con hombres entusiastas por la libertad? Lo comprenderéis demasiado tarde, cuando oigáis repetir en vuestra corte los axiomas vagos i especiosos que ellos habrán meditado en los salones de América. ¿Cómo, después de haber derramado su sangre por una causa que se llama de la libertad, harán respetar vuestras órdenes absoluta? La Inglaterra quedará demasiado vengada de vuestros propósitos hostiles cuando vuestro gobierno sea examinado, juzgado, condenado según los principios que se profesan en Filadelfia i que se apaluden en vuestra capital."

Hombres ilustrados de España vieron el peligro que acarreaba la situación e intentaron buscar soluciones antes de que la debacle del imperio se produjera.

El Conde de Aranda se encontraba como embajador en Paris cuando ocurre la firma del Tratado en 1783 y participa de las negociaciones, pero eso no le impide lamentar las actividades de España en la guerra:

"La independencia de las colonias americanas queda reconocida i esto es para mí un motivo de dolor i temor. Francia tiene pocas posesiones en América, ha debido considerar que España, su íntima aliada, tiene muchas i que desde hoy se halla espuesta a las más terribles conmociones".




Según la propia opinión de Aranda, Francia "nos envolvió a nosotros en una guerra que también hemos peleado contra nuestra propia causa" ya que "España ha dado un mal ejemplo a sus colonias".

Y tenía toda la razón. El alzamiento de la república federal americana, con sus consignas de libertad y prosperidad para todos los hombres, es un factor preponderante en los procesos revolucionarios de la América española. El venezolano Francisco de Miranda, expedicionario español en las guerras de Estados Unidos, urde su plan de independizar a América de España estado en Nueva York en 1784. obviamente, con ayuda de Inglaterra, siempre dispuesta a devolver la mano, pero bajo la mesa.

Sigamos con Aranda, un clarividente político que el destino se encargó de confirmar:

“Dejo aparte el dictamen de algunos políticos, tanto nacionales como extranjeros, del cual no me separo, en que han dicho que el dominio español en las Américas no puede ser mui duradero, fundado en que las posesiones tan distantes de sus metrópolis jamás se han conservado largo tiempo. En el de aquellas colonias ocurren aún mayores motivos, a saber la dificultad de socorrerlas desde la Europa cuando la necesidad lo exige; el gobierno temporal de virreyes y gobernadores que la mayor parte van con el mismo objeto de enriquecerse; las injusticias que algunos hacen a aquellos infelices habitantes; la distancia de la Soberanía y del Tribunal Supremo donde han de acudir a exponer sus quejas; los años que se pasan sin obtener resolución; las vejaciones i venganzas que mientras tanto experimentan de aquellos jefes; la dificultad de descubrir la verdad a tan larga distancia, i el influjo que dichos jefes tienen no sólo en el país con motivo de su mando sino también en España de donde son naturales. Todas estas circunstancias si bien se mira contribuien a que aquellos naturales no estén contentos o que aspiren a la independencia siempre que se les presente ocasión favorable”. 

“Dejando esto aparte como he dicho me ceñiré al punto del día que es el recelo de que la nueva potencia formada en un país donde no hai otra que pueda contener sus proyectos nos ha de incomodar cuando se halle en disposición de hacerlo. Esta república federativa ha nacido, digámoslo así, pigmeo, porque la han formado y dado el ser dos potencias poderosas como son España y Francia auxiliándola con sus fuerzas para hacerla independiente; mañana será gigante conforme vaya consolidando su constitución, y después un coloso irresistible en aquellas regiones. En este estado se olvidará de los beneficios que ha recibido de ambas potencias y no pensará más que en su engrandecimiento. La libertad de religión, la facilidad de establecer las gentes en términos inmensos y las ventajas que ofrecía aquel nuevo gobierno, llamaron a labradores y artesanos de todas naciones, porque el hombre va donde piensa mejorar de fortuna, y dentro de pocos años veremos con el mayor sentimiento levantado el coloso que he indicado”.

Firma de Declaración de Independencia de EE.UU.

“Engrandecida dicha Potencia Anglo-Americana, debemos creer que sus miras primeras se dirigirán a la posesión entera de las Floridas para dominar el seno Mejicano. Dado este paso, no sólo nos interrumpirá el comercio con Méjico siempre que quiera, sino que aspirará a la conquista de aquel vasto imperio, el cual no podemos defender desde Europa contra una potencia grande, formidable, establecida en aquel continente y confinante con dicho país”.

“Esto, Señor, no son temores vanos, sino un pronóstico verdadero de lo que ha de suceder infaliblemente dentro de algunos años, si antes no hay un transtorno mayor en las Américas. Este modo de pensar está fundado en lo que ha sucedido en todos los tiempos con la nación que empieza a engrandecerse. La condición humana es la misma en todas partes y en todos climas. El que tiene poder y facilidad de adquirir no lo desprecia; y supuesta esta verdad ¿cómo es posible que las colonias Americanas cuando se vean en estado de poder conquistar el Reino de México, se contengan y nos dejen en pacífica posesión de aquél país? No es esto creíble, y así la sana política dicta que con tiempo se precavan los males que pueden sobrevenir”.

“Después de las más prolijas reflexiones, que me han dictado mis conocimientos políticos y militares y del más detenido examen sobre una materia tan importante, juzgo que el único medio de evitar tan grave pérdida, y tal vez otras mayores, es el que contiene el plan siguiente:

Que Vuestra Majestad se desprenda de todas las posesiones del continente de América, quedándose únicamente con las Islas de Cuba y Puerto Rico, en la parte septentrional, y algunas que más convengan en la parte meridional, con el fin de que ellas sirvan de escala o depósito para el comercio español”.

“Para verificar este vasto pensamiento de un modo conveniente a la España se deben colocar tres Infantes en América, el uno de Rey de Méjico, el otro del Perú, y el otro de los restante de Tierra Firme, tomando V.M. el título de Emperador”.

División de América propuesta por Aranda

“Las condiciones de esta grande cesión pueden consistir en que los tres Soberanos y sus sucesores reconocerán a V.M. y a los príncipes que en adelante ocupen el trono español por suprema cabeza de la familia”.

“Que el Rey de Nueva España le pague anualmente por la cesión de aquel reino una contribución de los marcos de la plata en pasta o barras para acuñarlo en moneda en las casa de Madrid o Sevilla”.

“Que el Perú haga lo mismo con el oro de sus dominios”.

“Y que la Tierra Firme envíe cada año su contribución en efectos coloniales, especialmente tabaco para surtir los estancos de estos reinos”.

“Que los dichos Soberanos y sus hijos casen siempre con Infantas de España o de su familia y los de aquí con Príncipes o Infantes de allá, para que de este modo subsista siempre una unión indisoluble entre las cuatro coronas, debiendo todos jurar estas condiciones a su advenimiento al trono”.

“Que las cuatro naciones se consideren como una en cuanto a su comercio recíproco, subsistiendo perpetuamente entre ellas la más estrecha alianza ofensiva y defensiva para su conservación y fomento”.

“Las ventajas de este plan son que la España, con la contribución de los tres Reyes del Nuevo Mundo, sacará mucho más producto líquido que ahora de aquellas posesiones; que la población del reino se aumentará sin la emigración continua de gente que pasa a aquellos dominios; que establecidos y unidos estrechamente estos tres reinos bajo las bases que he indicado, no habrá fuerzas en Europa que puedan contrarrestar su poder en aquellas regiones ni tampoco el de España y Francia en este continente; que además se hallarán en disposición  de contener el engrandecimiento de las Colonias Americanas o de cualquiera nueva potencia que quiera erigirse en aquella parte del mundo; que España por medio de este tráfico despachará bien el sobrante de sus efectos y adquirirá los coloniales que necesite para su consumo; que con este tráfico podrá aumentar considerablemente su marina mercante, y por consiguiente la de guerra para hacerse respetar en todos los mares; que con las Islas que he dicho no necesitamos más posesiones, fomentándolas y poniéndolas en el mejor estado de defensa, y sobre todo disfrutaremos de todos los beneficios que producen las Américas sin los gravámenes de su posesión”.

“Esta es la idea por mayor que he formado de este delicado negocio; si mereciese la Soberana aprobación de V.M. la extenderé explicando el modo de verificarla con el secreto y precauciones debidas para que no lo trasluzca la Inglaterra…”.

Analizado este plan en la perspectiva del tiempo, es una estrategia inteligente y  resulta admirable, por lo demás, la lectura política de este hombre hacia la situación actual y futura que enfrentaría España.

Pero, lamentablemente, no sería siquiera discutido en las cortes reales, pero él insistía en cada correspondencia que enviaba al rey.

"Si los americanos nos aborrecen, no me admira, según los hemos tratado, si no la bondad de los soberanos, las sanguijuelas que han ido sin número, i no entiendo que haya otra manera de evitar el estampido que el de tratarlos mejor" 

Recomendaba enviar mejores empleados para luego volver a su plan de dividir el imperior con objeto de conseguir una mejor administración, pero esta vez ofreciendo entregar territorio a Portugal.

"Mi tema, es que no podemos sostener el total de nuestra América, ni por sus estensión ni por la disposición de algunas partes de ella, como Perú y Chile, tan distantes de nuestras fuerzas; ni por tentativas que potencias de Europa pueden emplear para llevarsénos o solevarlos (sublevarlos) Portugal es lo que mas nos convendría, i solo él nos sería mas útil que todo el continente de América exceptuando las islas. Yo soñaría el adquirir el Portugal con el Perú, que por sus espaldas se uniese con el Brasil, tomándo por límites la desembocadura del Río Amazonas, siempre río arriba, hasta donde se pudiese tirar una línea que fuese a caer en Paita, i aun, en necesidad, mas arriba a Guayaquil. Establecería un infante en Buenos Aires, dándole también a Chile. Pero si solo dependiende de agregar a éste al Perú para hacer declinar la balanza a gusto de Portugal en favor de la idea, se lo diera igualmente, reduciendo al infante a Buenos Aires i dependencias."

"Quedaría a la España desde el Quito comprendido, hasta sus posesiones del norte, i las islas que posee al Golfo de Méjico, cuya parte llenaría bastante los objetos de la corona i podría ésta dar por bien empleada la desmembración de la parte meridional por haber incorporado con otra solidez el reino de Portugal."

"Me he llenado la cabeza de que la América meridional se nos irá de las manos, i ya que hubiese de suceder, mejor un cambio que nada."  


Conde de Floridablanca

En Madrid, no consideran en serio estas advertencias y Floridablanca, a la sazón, ministro de Carlos III contestaba de la siguiente forma a estas recomendaciones:

"El remedio de la América por los medios que V.E. dice sueña, es mas para deseado que para conseguido. Por mas que chillen los indianos i los que han estado allá, crea V. E. que nuestras Indias están mejor que nunca, i que sus grandes desórdenes son tan añejos, arraigados i universales, que no pueden evitarse en un siglo de buen gobierno, ni la gran distancia permitirá jamás el remedio radical. La especie del cambio (del Portugal por el Perú) es graciosa. ¡Utinam!"

Aquella situación que, según los mismo políticos españoles, no podía mejorarse en un siglo de buen gobierno, iba a solucionarse apenas treinta años más tarde por medio de una revolución radical y completa.





Fuentes:
- Historia Jeneral de Chile. Tomo VI. Diego Barros Arana
- www.hispanoamericaunida.com
- www.momentos españoles.es

Reconquista de Chile: La Guerra de Zapa. Los movimientos de Manuel Rodríguez. Parte III







Enero 1817

El ejército realista estaba compuesto de más de 4.000 hombres de tropas regulares, dividido en cinco batallones de infantería, tres cuerpos de caballería y uno de artillería, pero contaba también con más de dos mil milicianos armados. Todas esas fuerzas eran incapaces de mantener el orden dentro del territorio donde siempre existía el peligro de rebelión además de contar con la amenaza constante de una invasión ya fuera por mar o cruzando la cordillera. Marcó, tenía claro que no debía esperar refuerzos desde España ni tan siquiera de Lima por lo que debía combatir solo sin saber a ciencia cierta el punto de ataque. Pese a su idea de mantener al ejército concentrado en la capital para poder responder a un ataque directo, se vio forzado a dividir sus fuerzas en los extremos del reino tal como lo señala:

“Me veo obligado a mantener desamparadas las extremidades del territorio, por cubrir el centro de esta capital y sus proximidades, como punto que encierra toda la riqueza i toda la fuerza moral del reino i único que ocupa las verdaderas miras del enemigo, siendo conocido su ardid de hacer esas llamadas falsas con pequeños destacamentos de emigrados revolucionarios i tropas inferiores para distraer las mías e invadir aquí con seguridad”

La noche del 2 de enero pasó Rodríguez el vado de Naltahua junto con su asistente, con Ramón Paso y un tal Galleguillos que eran campesinos de la zona del Maipo y José Guzmán pequeño propietario de Lo Chancón. La armas que portaban eran: Rodríguez dos pares de pistolas, un sable y una daga; su asistente, sable y tercerola; Paso un par de pistolas; Guzmán y Galleguillos solo sus sables. Se ocultaron en los caseríos de Lo Chancón.

En la madrugada el 4 de enero Rodríguez se instaló cerca de las casas de la hacienda del Paico y sus compañeros en el camino que conduce a Melipilla. Allí apostados detenían a los transeúntes y los obligaban a dar marcha atrás para evitar que dieran la alarma en Santiago y los invitaban a participar con ellos en nombre de la patria. Antes de marchar ya eran cerca de 80 personas, armadas de chuzos, picanas y cuchillos. En el camino encontraron a un español que viajaba en carreta a la capital y Rodríguez dio la instrucción de asalto y su equipaje al saqueo.

Asalto a Melipilla

A las nueve de la mañana entraron en Melipilla gritando ¡Viva la Patria! Y disparando al aire. Rodríguez apresó al subdelegado del partido Julián Yécora y lo obligó a entregar los caudales recolectados para entregarlos, en primera instancia a quienes lo acompañaron y luego lo lanzó al aire gritando: 

“¡Muchachos! Hoy es día en que se puede gritar ¡Viva la patria i mueran los sarracenos!”

Abrió las puertas del estanco real y autorizó el saqueo. Sacó las lanzas de la villa y mandó que cada uno de sus acompañantes tomara una y el resto fueran quemadas, sus puntas lanzadas al río.

Los montoneros se pasaron el día en fiesta sin mayores contratiempos ni violencias. Allí se encontraron con don José Santiago Aldunate y doña Mercedes Rojas i Salas, hija de don Antonio Rojas quienes habían sido desterrados de Santiago. A petición del pueblo, Rodríguez libera al subdelegado Yécora pero toma prisioneros al oficial Talavera teniente Manuel Tejeros y su asistente. Pasado el día, Rodríguez decide partir para seguir con sus misiones, esta vez, planificar el asalto en San Fernando. Se lleva consigo a los prisioneros.

La noticia del asalto a Melipilla llegó a Santiago el 4 de enero y se designa una partida de 25 hombres para salir en su persecución. Estos llegaron en la madrugada del día siguiente pero no hallaron rastros de los guerrilleros. Salieron apresuradamente a dar una batida por los alrededores y tomaron prisioneros a diez de los montoneros que ya se habían dispersado. Entre ellos a José Guzmán compañero de Rodríguez. Se les mandó aplicar cincuenta azotes a cada uno para que confesaran su participación pero ninguno lo hizo.

Rodríguez y su grupo sabiéndose perseguidos huían como podían. Se refugiaban en las haciendas que encontraban y ayudados por campesinos usaban caminos internos y les entregaban comida y caballos de repuesto, pero aún así, la huida era dificultosa. Se internaron en cerros desconocidos, con hambre, cansancio y sed, animales fatigados por el esfuerzo. Los prisioneros iban a pie lo que hacía más difícil la situación. En un momento de descuido el asistente de Tejeros logra darse a la fuga poniendo aun en más riesgo la huida porque daría aviso a los perseguidores. Estaba cerca de la hacienda Chocalán y su dueña era partidaria del rey por lo que puso a disposición del gobernador todos los recursos necesarios para la pesquisa. Rodríguez se vio obligado a huir en desbandada y sin dejar testigos. En una quebrada fue encontrado el cuerpo del oficial Tejeros, fue muerto de un tiro de pistola. De esta forma, logran huir rápidamente y encontrar refugio en la hacienda Quimávida, propiedad de don Pedro de las Cuevas.

Diario Oficial de Chile durante la Reconquista Española

Mientras tanto en Santiago, se redoblan las medidas de seguridad y las condiciones son ahora de temer:

“Se recapitula las ordenanzas anteriores sobre el uso de armas, viajes sin pasaporte, tráfico a caballo durante la noche pero se agravan las penas. Los comandantes militares podrán imponer pena de muerte contra los que hicieren fuego o resistencia con arma blanca a los que los persiguen, como a los que hallaren en número superior de tres corriendo el campo con armas, en reuniones sospechosas, en aclamaciones por la patria, con cartas o correspondencias del enemigo o de cualquiera otro modo que altere la tranquilidad pública.

La misma pena impondrán a cuantos resultaren haber sido sabedores de la residencia de ladrones, salteadores i comitivas o del lugar del tránsito de aquellos i no dieron parte; a los que los auxiliaren con cabalgaduras, víveres o de otro modo; i si se justificase que algunos vecinos o hacendados, a sabiendas de su existencia en sus posesiones, no dieren pronto aviso, a mas de sufrir la misma pena de muerte i de quemarles los ranchos, casas i posesiones a los primeros, serán embargados a los segundos sus bienes para la real hacienda.

Ningún hacendado, sea de la calidad i condición que fuese, podrá permanecer en el campo, sino que deberá recojerse precisamente a esta capital o a las villas cabeceras de su pertenencia.”

La intensión de Marcó era despoblar el campo y controlar al máximo a la población. Ni los patriotas desterrados a sus casas de campo por decreto de gobierno se salvaron de esta disposición. Además se prohibía viajar en carretas cubiertas, hacer correr carros cargados en las poblaciones después de oscurecerse y los subdelegados también tenían castigo de muerte en caso de no prestar ayuda a los comandantes militares.

Rodríguez, cuyo paso siguiente era planificar el asalto a San Fernando, en su huida desde Melipilla encontró refugio en Doñihue, en el fundo Quimávida propiedad de don Pedro de las Cuevas, más conocido como el Manco Cuevas ya que había perdido varios dedos de la mano derecha mientras laceaba a unos caballos y también estaba emparentado con don Bernardo de las Cuevas, héroe muerto en Rancagua cuando fue confundido con Bernardo O’Higgins y fusilado en su lugar por Osorio.

Don Pedro de las Cuevas era dueño de una estancia inmensa y criador famoso de caballos, dio refugio, víveres y dinero a Manuel Rodriguez. Lo ocultó en su casa pese a la prohibición del gobierno y apoyó con caballos. Fueron sus animales, más de cien, los que montaron los guerrilleros durante la toma a San Fernando.

Don Pedro de las Cuevas

Con su ayuda pudo Rodríguez llegar, sin ser visto, a la hacienda de Popeta ubicada en la actual zona de Rengo, que pertenecía a don José Pedro Maturana. En este lugar se reunió con Juan Pablo Ramírez para planificar sus siguientes movimientos.

“Manuel Rodríguez se escondía en Popeta. La tradición recuerda con veneración el montículo denominado el Centinela, en donde el ilustro guerrillero tenía su observatorio y guarda, para divisar a lo lejos la llegada del enemigo, que había puesto precio a su cabeza”.

Oscar Muñoz Soto refrenda esta cita señalando que el lugar denominado El Centinela, al interior de la hacienda Popeta, existía una choza pobrísima en la cual se escondía Manuel Rodríguez. Este hecho habría sido denunciado en la época por el subdelegado de Gobierno lo que implicó la detención de Maturana, propietario de dicha hacienda.

Este autor también afirma que Rodríguez se refugiaba en los bosques de Naicura y hacia el sector de Los Maquis, realizando el trayecto por una huella que existía en los cerros de la Rinconada, hasta llegar a La Moralina.

Ricardo Latcham dice: “que Juan Pablo Ramírez le escribe a José de San Martín, el 20 de enero de 1817, lo siguiente: 

“Guzmán, mozo de Rodríguez, fue preso en Popeta con toda la correspondencia y sin embargo, de no haber confesado cosa alguna, han prendido a muchos”

Esto también confirmaría las actividades de Rodríguez en la localidad. El mismo Latcham refiere que Manuel Valenzuela Velasco, vecino de San Fernando, avisa a Rodríguez que el capitán Magallar se dirigía hacia Popeta para capturarlo.

Ya la noche del día 4 de enero de 1817, hora en que llegaron las primeras noticias de la toma de Melipilla, había salido de Santiago, tras la huella de Rodríguez, el militar español don Antonio Carrero, con un fuerte piquete militar. Pero fue en vano su esfuerzo en descubrir al guerrillero.

Rodríguez impartió desde su retiro las órdenes de asaltar San Fernando a don Feliciano Silva y a don Francisco Salas, que también recibieron caballos para la gente del asalto, mandados por don Pedro de las Cuevas.

Gran parte de los gastos de todo este movimiento de gente y animales, de espías y contra espías, como también la alimentación de toda esta numerosa guerrrilla (que silenciosamente se escondía en las serranías del lugar próximo a San Fernando, Roma, que tenía este nombre por haber sido estancia de la familia Román), eran subvencionadas por don Pedro José Maturana y Guzmán. Era este dueño de la estancia de Popeta, y había constituido en mayorazgo de la familia las haciendas de Talcarehue, La Teja, Roma, y la gran estancia cordillerana llamada del Portillo, por donde existían caminos secretos y de corto tiempo para ir a Mendoza, que cruzaban los emisarios de Rodríguez y San Martín.

Él mismo nos ha dejado la siguiente nota sobre esos días:

“Declaro que con motivo de mi adhesión a la causa de la libertad del país en la Revolución gasté más de $40.000, que tenía en efectivo, en emisarios, correos y otros gastos de necesidad  y correspondencia con el general San Martín y otros sujetos del mismo rango.”

Este documento fue conocido por el historiador don Benjamín Vicuña Mackenna, quien al reproducirlo dice que en Maturana “ardió la llama de aquel puro patriotismo que  nos dio, sin empréstito y sin bonos la libertad y la independencia que hoy gozamos. Gastar cuarenta mil pesos en efectivo en aquellos tiempos, en que mil pesos eran cien mil inconvertibles, y declararlo por testamento para alivio de su alma, se tomara hoy día por una simple invención de rebuscadores de archivos.”

Maturana había sido coronel de las milicias de Colchagua, en la Colonia y en la Patria Vieja, coronel del Regimiento de Húsares “Defensores de la Patria”, en 1814, además de desempeñar diversos cargos en el Cabildo de San Fernando, Regidor, Alcalde, Juez de Tierras, etc. Después, al tomarse Rodríguez San Fernando, el 11 de febrero de 1817, fue designado Gobernador, puesto que desempeñó en diversos períodos, hasta casi poco antes de su muerte ocurrida en las casas de su hacienda de Popeta en el año de 1836. Dos de sus hijos pelearon en Maipú, don Pedro José y don José Manuel Maturana Guzmán. Su sobrino don Ramón Maturana Feliú, como ya lo hemos mencionado, se encontraba afiliado a la montonera que mandaba don Juan Pablo Ramírez junto con el fraile Venegas y Miguel Neira. Otro de sus sobrinos, don Marcos Maturana del Campo, fue uno de los primeros soldados distinguidos del famoso Regimiento Húsares de la Muerte, que fundara en Santiago en 1818 don Manuel Rodríguez, al grito de ¡Aún tenemos Patria, ciudadanos!. A la disolución de este regimiento pasó don Marcos a la Escuela Militar y fue más tarde General de División, Ministro de Guerra y Senador de la República.

La toma de San Fernando la había ordenado Rodríguez, según ya lo hemos dicho, por confesión de don Feliciano Silva, para tres días después de la toma de Melipilla. Esta se había verificado el día 4, luego el ataque a San Fernando debía haberse efectuado el día 7. Pero circunstancias especiales la dilataron. Los caballos para el asalto, que en gran parte facilitó don Pedro de las Cuevas, se debían enviar ocultamente, por senderos desconocidos y de noche, hasta llegar al lugar de Roma. Sólo el día 10 de enero Silva y Salas tenían lista la valerosa guerrilla para el asalto, que mandó don Ramón Maturana y Feliú.

Al anochecer, hace Maturana avanzar a sus hombres, todos montados en buenos y fogosos caballos como eran los de Cuevas. La distancia entre el lugarejo de Roma y San Fernando es de corto cabalgar, de media hora. Antes de entrar al pueblo, que por medio de los espías patriotas se sabía que estaban en esos días muy cerca de la guarnición, la mayor parte de la tropa había sido enviada a Rancagua. Los jefes españoles ya poseían en parte el plan de San Martín y solo pensaban en proteger Santiago, concentrando las tropas en sus más próximos lugares, para presentar batalla en un punto determinado. Salas hace llenar varios cueros con grandes piedras de la ribera del estero de Ontiveros, que está a la entrada de la ciudad por el naciente, y con el estrepitoso ruido que ellas producen al ser arrastrados y los gritos de: “¡Avance la artillería!, producen en os pocos españoles de la guarnición la creencia de que era el Ejército de los Andes el que entraba en la villa.

Eran las tres de la mañana del día 11 de enero de 1817; los españoles espantados por el sorpresivo ataque emprendieron la más rápida fuga. El subdelegado José Parga Bahamonde y el jefe de milicias don Antonio Lavín emprenden el mismo viaje. Esa noche Salas, que hacía de jefe principal de la avanzada patriota, sin más armas que un chuzo y un garrote, golpea fuertemente las puertas del estanco, lo saquea, como igualmente la casa del subdelegado Parga y hace destruir lo que no se puede transportar. El asalto ha durado escasas cuatro horas. Al amanecer, los guerrilleros emprenden la retirada hacia la cordillera camino de Talcarehue, cajón del Tinguiririca. 

Maturana se llevó los valores del estanco y las armas.

Un soldado español logró llegar las 9 de la mañana del día 11 de enero a Rancagua, a comunicar la nueva al jefe español Barañao. Este jefe precipitadamente partió para San Fernando, acompañado del Batallón de Húsares. Encontró al pueblo de San Fernando completamente tranquilo, más tranquilo que  nunca. En la cárcel no había ningún reo, fuese por revolucionario o por delito criminal. Los patriotas habían abierto las puertas del establecimiento. También un gran número de casas de patriotas estaban silenciosas, pues en la confusión de la noche y tras la guerrilla, habían partido sus habitantes camino de los Andes.

“El año de 1817, oprimidos por la tiranía de la dominación española, tomaron a su cargo, los expresados mis hjos, conseguir la libertad de varios patriotas decididos, que lso realistas iban a embarcar. Sin temer ser víctimas del enemigo, conquistaron 116 hombres y con ellos lograron libertarlos, cuyo hecho es notorio. De allí emigraron unos y otros a Mendoza hasta reunirse con el valiente general Freire.”

Los realistas se asustaron por este audaz golpe a San Fernando y resolvieron apresar a un gran número de personas, para descubrir los hilos de tan gran movimiento. Así fueron detenidos don Pedro José Maturana y Guzmán y don José María Vivar y remitidos a Santiago bajo estricta custodia.

Manuel Rodríguez se sintió feliz al saber el favorable resultado del asalto a San Fernando, tanto por la impresión que hizo en las fuerzas realistas, como por la necesidad de dar libertad a tan numerosos presos, que mantenían en estricta custodia las autoridades realistas.

En Santiago, el pueblo ya estaba convencido del éxito de la empresa revolucionaria y actuaba cada vez con más arrojo, incluso temerario. El número publicado el día 17 de enero de 1817 salía a la luz para colmo de la rabia de los opresores, con las palabras cambiadas: “Madre inmortal” por España, en “madre inmoral”, y señalaba a Rodríguez como inmortal en lugar de “inmoral”. Los pocos ejemplares que sorpresivamente salieron a la calle fueron recogidos y corregidos a pluma. El artesano que compuso estas líneas, fue condenado a trabajos forzados por seis meses en el Castillo de Santa Lucía. Su pena, como lo dicen los hechos históricos, solo duró unos cuantos días.

Rodríguez se había escurrido misteriosamente a los realistas,  esta situación los tenía profundamente inquietos. Se habían dado cuenta de todo lo que era capaz, y esos momentos en que ya se temía, de un día a otro, la llegada de los patriotas de Mendoza, los ponía en crítica situación. Por fin, supieron que se encontraba en Popeta, en la hacienda de don Pedro José Maturana y Guzmán. Pero esta información alcanzó a recogerla su amigo, el joven don Manuel Valenzuela Velasco, quien partió de San Fernando a matacaballo y pudo llegar antes que los realistas. Avisó a Rodríguez, quien emprendió camino a los montes protegido por el silencio de todo el vecindario e inquilinaje de la hacienda. A don Pedro José Maturana los realistas cargo de dar amparo a Rodríguez y lo condujeron preso a Santiago.

Febrero 1817

La noticia de la partida de las tropas realistas de San Fernando, quienes venían en apresurada marcha hacia Santiago cundió como un reguero de pólvora. De las montañas de Popeta corrió Rodríguez hacia las inmediaciones de San Fernando. El primero los suyos en moverse, en franca apariencia de guerra, fue el valiente oficial del antiguo ejército patriota que peleó en Rancagua, don José Luis Ovalle. Se había quedado en Chile oculto después de esta batalla y pasó a Mendoza el 9 de diciembre de 1815, permaneciendo en esta ciudad cerca de un año. No lo encontramos en todo el trajín de espías en esta época, sino que su nombre aparece en Colchagua en la guerrilla de Rodríguez. Es designado para levantar los ánimos y formar una nueva guerrilla en Guarcarhue, donde, como ya lo hemos dicho, su cura don José Joaquín Cañas era ardiente patriota. Ovalle y don José Elías Vergara, proclamaron en el día 9 de febrero en la plazoleta de Guarcarhue, enarbolando la bandera tricolor de la patria, la llegada de la libertad. Cañas, mandó repicar las campanas. Por la noche, el día 9, se iluminó la plaza y “se pidió música a los vecinos”.

Ovalle formó su guerrilla con la bandera tricolor, y al amanecer del día 10 caminaba hacia Nancagua a juntarse con Rodríguez. Rodríguez había llegado el mismo día 10 de febrero a Nancagua, apresuradamente llamado por el vecindario, quien lo había mandado buscar por intermedio del guerrillero don Francisco Manso. Lo que había pasado en Nancagua había sido que el diputado de esa localidad don Juan Arellano, quiso reducir a prisión a los realistas Baltazar y Pedro Rodales por haber ido estos a San Fernando a delatarlo, como patriota y confidente de Rodríguez. Pero todo había sido ya tarde, San Fernando no tenía ya tropas realistas y tuvieron que volverse solos a Nancagua los Rodales. Arellano, secundado por Manso, quiso reducirlos a prisión, pero se interpuso don Gregorio Argomedo y don Manuel Ramírez. Ante esta situación, partió apresuradamente Manso en busca de Rodríguez para que su presencia y autoridad dejara las cosas en su claro derecho.

Rodríguez llegó a Nancagua en medio de los gritos de su potente voz “Viva la libertad y la patria!”. Mandó repicar las campanas, era día domingo y dando órdenes, fue desbaratado el estanquillo y repartido entre el pueblo sus valores.
El mismo día 10 de febrero dictó Rodríguez un decreto nombrando a don Juan Arellano por juez y diputado de Nancagua. Firmó este decreto como secretario don Gregorio Argomedo.

Cruce de Los Andes
La primera preocupación de Rodríguez y los suyos al llegar a Nancagua, fue apoderarse del estanquillo que allí había, de sus fondos y mazos de tabaco, papel sellado, etc. Uno de los testigos oculares nos dice: “el día domingo 10 de febrero de 1817 entró don Manuel Rodríguez, comandante de una partida de gente, que victoriosamente llegaron a aquel punto. Llegó a casa de don Juan Arellano, Rodríguez le preguntó: qué existencias eran las que tenía. “tengo tabacos, naipes, polvillo y dinero y un poco de papel sellado”, respondió Arellano. Mandó Rodríguez se le entregara todos los mazos de tabacos enteros que llegaron a la casa de Gregorio Argomedo, repartiendo y tirando todos los pedazos a la gente que lo acompaña, ejecutando lo mismo con el dinero y con las barajas”.

En la noche del día 10, poco antes de las nueve, manó Rodríguez a Francisco Manso, con una guerrilla de 12 o 14 hombres a Puquillay a retirar los valores que existieran en el estanquillo de ese lugar. Manso, al llegar con la mayor rapidez, prendió al estanquillero don José Cáceres y lo amarró con su propio lazo; le tomó todo el tabaco y dinero que tenía, después de derribar la puerta del cuarto que servía de estanquillo. Como precio de su libertad, Manso le exigió la entrega de un buen caballo. Se retiraron y volvieron a Nancagua.

Con esos mazos de tabacos emprendió Manuel Rodríguez, la misma noche del día 10, marcha hacia San Fernando, llegó a esta ciudad con el mayor estrépito que sus guerrilleros pudieron hacer, a la hora de la aurora, sus hombres, como lo habían hecho en Nancagua se precipitaron al estanco, situado en la plaza de la villa. Sus puertas fueron forzadas a golpes y sacados sus mazos de tabacos. Estos mazos de tabacos como los otros de Nancagua, fueron repartidos al pueblo en San Fernando.

Estando en esta ciudad, Rodríguez escribió la siguiente nota a don Juan Arellano, el propio 11 de febrero de 1817, cuando ya estaba en posesión de San Fernando, y esperaba defender la villa de un posible ataque realista:

“Mi amigo y señor, espero en esta mañana doscientos caballos. Ud haga milagros por la libertad, y por su amigo y servidor, Rodríguez. Envíeme volando cuantas armas y municiones pueda conseguir. Véngase para acá, sin escusas mis amigos todos”.

Hay solo una rúbrica.

Arellano dice que cumplió esta orden el propio día 11; le mandó 150 caballos a cargo de cincuenta hombres bien montados. “Todo, dice Arellano, se hizo en buen tiempo”.

Con la rapidez propia de su inteligencia, Manuel Rodríguez organizó desde le primer momento de llegado a San Fernando su gobierno. Se tituló Comandante Militar, designó como su ayudante a don José Luis Ovalle. Además formó una Junta o Tribunal Revolucionario. Los nombres de sus componentes nos son desconocidos. Fue su escribiente don Ramón Lezana con sueldo de un real al día y Valentín Pérez, ordenanza. Mayor de Plaza fue designado su secretario don José Luis Ovalle.

Don Manuel Aliaga fue designado escribiente Él nos ha dejado las siguientes líneas de los trabajos de Secretaría de esos días: “Fue una porción de días en que me desvelé escribiendo las órdenes de don Manuel Rodríguez cuando entró en esta Villa”. El trabajo de secretaría parece que fue intenso, don Manuel Aliaga, trajo a su lado a su hermano don José Santiago Aliaga. Este nos ha dejado las siguientes líneas: “Cuando entró a este pueblo el emisario señor don Manuel Rodríguez me buscó a mí y a mi hermano Ramón para que no nos separáramos de su lado, le servimos de escribientes, ayudándole a desempeñar el cargo y cumplimiento de las órdenes, que por momentos se multiplicaban”.

La noticia del triunfo de Chacabuco, desbordó de alegría al vecindario de San Fernando. “Nuestros corazones se deshicieron con profusión”, nos dice don Juan Arellano. “Fue preciso contener los tumultos, con que el pueblo quería quitar del medio a todos los españoles”. Esta noticia había llegado junto con dos soldados españoles fugitivos, que había aprehendido Arellano en Nancagua. Rodríguez se informó de muchos antecedentes, principalmente sobre la suerte de las tropas españolas en Santiago y de Marcó del Pont, su incansable enemigo. Dictó la siguiente nota a uno de sus secretarios, apenas recibidas las noticias de los soldados españoles:

“Por noticias obtenidas, Marcó se dirige por la costa a Concepción. He juntado partidas por todas partes para aprehenderle”. San Fernando, 13 de febrero de 1817. Rodríguez

La noticia que comunicaba Rodríguez a O’Higgins, era verdadera, pues Marcó del Pont, al fracasar su partida por San Antonio, quiso emprender viaje por la costa a Concepción, en cuya ruta cayó prisionero.

Antes de que llegara la noticia a San Fernando de la derrota de los realistas en Chacabuco, ya Rodríguez había tomado por su cuenta serias medidas para atacar a las fuerzas enemigas. Así se desprende del siguiente oficio remitido el mismo día 11 de febrero recién llegado a San Fernando, a don Santiago Palacios, su amigo y residente en la costa:

“San Fernando, 11 de febrero de 1817. Señor don Santiago Palacios.

En el momento de recibir usted esta carta, se podnrá en marcha a todos los puntos de la costa, donde aprehenderá y embargará cuando infame enemigo encuentre a la causa americana, remitiendo todo a esta Villa con buena custodia. Recojerá los caballos que la generosidad chilena nos franquee para auxilio del ejército, también las armas, pólvora y municiones que encuentre. Hago a ud seriamente responsable de la más pequeña omisión, como también a todos los vecinos que le falten o mezquinen los auxilios que necesite para el desempeño de su comisión, que reencargo con la mayor exactitud.- Rodríguez- Buenaventura Grez”.

El gobierno de Manuel Rodríguez en San Fernando tiene una corta duración, es desde el día 11 de febrero de 1817 al 21 de marzo del referido año.

Al principio contó con todo el apoyo del vecindario patriota. Pero sus incansables persecuciones a los realistas, que por uno u otro motivo estaban vinculados a los patriotas, ya por parentesco o por asuntos de intereses, hizo que fuera resistido por diversos sectores, que llevaron sus quejas al propio director supremo don Bernardo O’Higgins. Fue esta la causa inmediata de que se pusiese fin al mandato de Rodríguez en esa ciudad.

Rodríguez, por su parte, no se había quedado inmóvil en sus actuaciones. El día 24 de febrero mandó a Santiago con el oficial Manuel Velásquez al joven español don Salvador Olaguer Feliú, hijo del coronel español de ese mismo nombre y apellido: “No hay hecho contra su persona, antes generalmente me aseguran que opina a favor de la libertad de Chile contra los sentimientos de su padre”. Junto con el joven Feliú, remitió el sumario seguido contra el capitán de Dragones realista don Leandro Castillo. En esta causa iba implicada doña Carmen Calvo y Argomedo, esposa de don Santos Lira, quien había dado refugio al militar español.

Batalla de Chacabuco

Marzo 1817

El Cabildo, designado en enero de 1817 bajo el gobierno realista, no contaba con la simpatía del jefe patriota, por lo que Rodríguez resolvió elegir otro.
El día 3 de marzo de 1817 a son de cajas mandó publicar en la plaza nuevas autoridades. Solo se reunieron 15 individuos, afectos a su persona. Los demás se encerraron en sus casas, sin querer saber nada de lo que hacía ese jefe. Que tanto por sus actos como por lo que hacían sus segundos, principiaba a sembrar el clima de terror, más duro que el de los realistas, pues los guerrilleros de Rodríguez pocas leyes y virtudes respetaban.

No sabemos quiénes fueron los elegidos para este Cabildo. Inmediatamente de efectuado este acto, Rodríguez dirigió al Director Supremo el siguiente oficio, que solo firma él, sin secretario:

“Estamos sembrados de realistas y abusando de la blandura, ya se presentan con atrevimiento.

Es preciso limpiar el Reino, ya que no obra el cuchillo. El ayuno y la disciplina enmendarán a este género de Diablos. Yo quiero saber sus intensiones con esta maldita raza”.

Los cabildantes salidos eran entre otros don Buenaventura Grez y Fuenzalida, suegro del alcalde don Francisco de Silva y Grez, esposo de doña Leonor Grez y Riveros, hermana de doña Mercedes Grez y Riveros, esposa del militar patriota don Antonio Rafael Velasco. Rodríguez tenía mucha distancia de este grupo, desde los primeros días de residir en San Fernando. Al principio Grez firma sus oficios como secretario, después no. Solo Velasco es su amigo. Se expresa así de ellos:

“La casa del Alcalde Silva es una pocilga de españoles, de malvados y de indignos indolentes. Toda su familia y la del suegro don Ventura Grez ha tenido y conserva mala opinión. Sin hallarse en ella, otra cosa de provecho, que una hija, mujer de Velasco.”

Para dar Rodríguez estas opiniones, el día 3 de marzo de 1817, fecha del oficio en que comunica estas novedades a O’Higgins, debió estar muy especialmente informado. Debió haber tratado a doña Mercedes Grez y Riveros, de quien escucharía sus opiniones sobre la libertad de Chile, pues de todos los documentos consultados, es la segunda mujer a que especialmente se refiere en sus lacónicas y cortantes comunicaciones de dos o tres líneas, pero que resalta todo su sentir y pensar.

O’Higgins debió haber recibido esta comunicación de 3 de marzo, el día 4 o 5. Dos días después, el 7 de marzo de 1817, contesta con el siguiente oficio:

“Don Antonio Rafael Velasco es nombrado Comandante de Armas de ese Partido. Luego que se le presente, le pondrá V. en posesión del mando, lo hará reconocer. Ud se pondrá en marcha para esta capital, donde le necesita el Estado, con la exigencia para atenciones más dignas de su mérito, talento y virtudes.

El Gobierno lo espera con ansias para coayudar a los progresos de su suelo patrio, por cuya felicidad ha trabajado ud con tanto entusiasmo y desvelo”.

La voz del vecindario de San Fernando hizo que O’Higgins cambiara por completo de pensar. Por su parte, parece que Rodríguez se resistió a entregar el mando a Velasco, a pesar de ser su amigo y un admirador del patriotismo de su mujer. El vecindario de San Fernando se sintió alarmado. De un solo golpe de autoridad, Rodríguez remitió a Santiago a 29 realistas, procesados por diversas causas. Otro hecho importante fue la creación de la Junta de Auxilios, dedicada exclusivamente para sacar dinero a los realistas o a los que él o sus partidarios creían que lo eran.

Rodríguez era de la idea de "que los godos vomiten cuanto tengan, y que a sus expensas de los males que ellos mismos nos han ocasionado".

Todos estos hechos hicieron que O’Higgins designara, a mediados de marzo, una comisión de tres individuos, compuesta por don Juan Francisco Larraín, don Diego Donoso y don Francisco Egidio de la Cuadra, para que se trasladaran al sur del país, y de ciudad en ciudad fueran constituyendo las legítimas autoridades. Llegada a San Fernando la comisión, acompañada de una delegación militar a cargo del teniente don Miguel Caravilla, mandó por bando se reuniera el vecindario, el cual el día 21 de marzo de 1817, en número de cuarenta y dos personas se situaron en el Cabildo. Se designó una comisión formada por José María Ugarte, don José María Guzmán y don Fernando de Quezada, para que designaran a los nuevos alcaldes. Esta comisión, después de breve discusión, nombró a don Pedro José Maturana Guzmán y a don José Santiago Palacios para los cargos de primero y segundo alcaldes que debían, por turno ejercer el mando civil de la villa.

Rodríguez desconoció estas designaciones. Pero ya su prestigio, al menos en este lugar, había cambiado considerablemente. No encontró apoyo alguno. Los alcaldes ordenaron prisión y entregaron su persona al teniente Caravilla.

Monumento a Manuel Rodríguez en San Fernando

Chile comenzaba su vida republicana, se acababan las correrías y montoneras. Pronto vendría el episodio más famoso y la frase del bronce de Manuel Rodríguez y que lo llevaría a la inmortalidad, pero todo eso sucedecería en Santiago. Rodríguez nunca más volvería a Colchagua.



Fuentes:
- Historia Jeneral de Chile, Tomo X. Diego Barros Arana
- Historia Jeneral de Chile, Tomo XI. Diego Barros Arana
- El ostracismo de los Carrera. Benjamín Vicuña Mackenna
- Manuel Rodríguez. Historia y Leyenda. Ernesto Guajardo
- La Dictadura de O'Higgins. Miguel Luis Amunátegui
- El paso de los Andes, crónica histórica... Gerónimo Espejo
- Historia de San Martín y la emancipación sud americana. Bartolomé Mitre


Imágenes obtenidas de internet.
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